"Las personas llevan el universo en su interior: son lo que encuentran en sí mismas y encuentran en otras, únicamente, lo que esperan encontrar"
Proverbio Sufí

domingo, 6 de febrero de 2011

TIY (1398– 1338 a. de C.)

Reina TIY. Museo de Berlín

Reina, esposa de Amenhotep III, de la XVIII Dinastía, y una de las mujeres más carismáticas de la historia egipcia.

Tiy, de origen noble, procedente de la ciudad sureña de Akhmin. De su familia se tuvo conocimiento cuando se descubrió, casi intacta, la tumba de sus padres, los nobles Yuya y Tuya, originarios de la ciudad de Ajmin. Su padre, Yuya, era un jefe de carros de guerra, con familia de origen asiático; mientras que su madre, Tuya, ostentaba el título de "Ornamento Real", de dudosas atribuciones, así como de "Cantora del templo de Amón".

Tiy no era de linaje real y que el faraón-niño Amenhotep III se casase con ella en vez de con cualquiera de sus numerosas hermanas, no tiene una explicación clara, aunque podría deberse a:

  • Cuando Amenhotep III asumió el trono era un niño, y había un Consejo de Regencia dominado por la madre del rey, Mutemuia. Esta mujer, pese a haber parido al sucesor, no había sido la "Gran Esposa Real" de Thutmose IV, y tuvo que aguantar el desplante de las otras reinas, que la veían como una esposa secundaria. Mutemuia se vengó de ellas al negar a las princesas reales el matrimonio con el "nuevo Horus".
    • Yuya era un hombre muy importante en el Egipto de aquel entonces, y es posible que fuera el hermano de la reina madre Mutemuia. Por tanto, Tiy y Amenhotep III habrían sido primos, y su casamiento no hizo más que consagrar la ambición de aquel señor.
      • A todo esto se une la conjetura de que la dama Tuya podía ser descendiente, por una rama secundaria, de Ahmose-Nefertari, como parecen indicar algunos de sus títulos, por lo que la candidatura de Tiy era del todo legítima.

      Casar a Tiy con el faraón fue una hábil maniobra que benefició de forma insólita a Yuya y Tuya. Su poder creció parejo al de los jóvenes reyes, e incluso fueron enterrados en el Valle de los Reyes, un honor reservado a muy pocos nobles. Su tumba fue, junto con la de Tutankamón, hallada casi intacta, con hermosos sarcófagos de oro y las momias en perfecto estado de conservación.

      Tiy se casó con Amenhotep III a la edad de siete u ocho años, aproximadamente dos menos que su sagrado marido. La jovencísima pareja pareció complementarse desde el primer momento y nunca más volvieron a separarse. Es innegable la influencia que tuvo Tiy sobre el faraón, nunca vista antes en las "Dos Tierras". Tanto es así que, con motivo de su matrimonio, Amenhotep III envió escarabeos a todos los monarcas vecinos en los que anunciaba la existencia de su primera Gran Esposa Real, así como la de los todopoderosos Yuya y Tuya.

      A partir de aquel momento, y para sorpresa de todos, la reina Tiy no dejó de aparecer en todos los monumentos construidos por su marido, y en condiciones casi de total igualdad con él. El peso político de la joven reina era enorme, se suele decir que Tiy fue la auténtica gobernante en la sombra, ayudada por su suegra Mutemuia y por la incapacidad de su real esposo.

      Tras la "usurpación" del trono por la Gran Esposa Real Hatshepsut, hacía ya más de cien años, los reyes habían evitado dar cualquier protagonismo a sus esposas, sin distinguirlas apenas del resto de esposas secundarias y concubinas, confinándolas en palacios y harenes para evitar que la peligrosa sangre de Ahmose-Nefertari volviese una vez más a tomar las riendas del poder. Tiy sería la primera excepción a esta nueva costumbre.

      No sólo se hacía representar en todos los lugares acompañando a su esposo, sino que, posiblemente, dirigía ceremonias y tomaba parte en los asuntos de Estado al lado de Amenhotep III, quien no dudó en delegar poderes, tanto en su mujer, como en sus ministros. Podría decirse que durante los 39 años de reinado de Amenhotep III fue la Gran Esposa Real Tiy la auténtica gobernante en la sombra. Su poder era tan grande que no sólo se le dedicaban numerosas estatuas a ella sola, sino que incluso se hizo construir sólo para ella el palacio real de Malkata, en la orilla occidental de Tebas, así como un inmenso lago artificial. Este lugar acabaría por convertirse en la residencia tebana de los faraones.

      Tiy conocía perfectamente sus orígenes y comprendía que al ascender su posición, no sólo debilitaría la de su marido, sino la de toda la institución real a favor de los peligrosos sacerdotes, por lo que siempre se contentó con ser la última y más eficaz consejera real.

      Sería después de Tiy, con su nuera Nefertiti, cuando las reinas volvieran a asumir un papel muy similar al que antes hizo Hatshepsut, al hacerse coronar corregente de su marido.

      Tras la muerte del faraón Amenhotep III, la reina viuda Tiy fue testigo del ascenso al trono de su hijo Ajenatón y de sus consecuencias: el proceso de sustitución del antiguo orden establecido en torno al culto de Amón y la posterior fundación de la nueva capital del reino, la ciudad de Ajetatón. Los historiadores opinan que Ajenatón construyó en dicha ciudad un palacio para residencia de su madre, donde pasaría sus últimos días hasta llegar a su muerte. Fue sepultada también allí, en la tumba TA28, pero al despoblarse la ciudad (probablemente durante el reinado de su supuesto nieto Tutankamón), se ordenó el traslado de sus restos a la necrópolis de Tebas, donde fueron hallados posteriormente en la tumba KV55 del Valle de los Reyes.

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