"Las personas llevan el universo en su interior: son lo que encuentran en sí mismas y encuentran en otras, únicamente, lo que esperan encontrar"
Proverbio Sufí

lunes, 22 de marzo de 2010

Proactividad, un valor en alza

Cuando alguien se habitúa a conducirse de acuerdo a sus principios, sin depender de la influencia ambiental, mayores empiezan a ser sus capacidades de influir en otras personas.
La palabra proactividad pretende definir un conjunto de cualidades necesarias para ejercer el liderazgo, ser una buena persona dirigiendo equipos y capaz de alcanzar metas ambiciosas. Se entiende por proactividad la capacidad de tomar decisiones propias sin dejarse influir por la presión del entorno.
Las personas proactivas adoptan una actitud creativa, se anticipan a los problemas antes de que estos les desborden, no cejan en el empeño cuando aparecen obstáculos, saben cambiar de dirección si observan el rumbo equivocado y aprovechan todas las oportunidades (éxitos y fracasos) para extraer conclusiones positivas.
Las empresas buscan personas proactivas porque estas suelen ser más aptas para enfrentarse a los desafíos de un entorno cada vez más cambiante, imprevisible y competitivo. Pero el concepto de proactividad empieza a aplicarse en el terreno del desarrollo personal porque sus raíces se hunden más en la sicología que en el management y tienen más que ver con la reflexión humana que con la eficiencia productiva. Las personas proactivas, no sólo obtienen éxitos laborales, sino que también suelen sacar provecho de su actitud en términos de felicidad y bienestar interior.
Se trata, en definitiva, de gobernarnos sin permitir que la situación nos gobierne. Por eso, una de las condiciones previas radica en tomar conciencia del terreno en el que podemos invertir nuestra atención, energía y tiempo. Si pensamos, por ejemplo,en las preocupaciones cotidianas, la persona proactiva adoptará la postura, más inteligente y eficaz, de centrarse en su "círculo de influencia": la zona correspondiente a los problemas sobre los que tiene alguna forma de control, en los que puede intervenir y en las realidades que puede llegar a cambiar.
El círculo de influencia comprende dos áreas. La de "control indirecto" se extiende a cuestiones que no están totalmente en manos de la persona porque en ellas entra en juego, también, la conducta de otras personas (trabajo en grupo, relaciones de pareja...); en éste ámbito las posibilidades de intervenir en los problemas son diferentes según el grado de influencia y los métodos y técnicas que la persona emplee en cada caso.
Es en el área de "control directo" donde todo se circunscribe a la propia conducta, donde la persona proactiva obtiene provecho y donde entran en juego las habilidades personales y el estilo de cada quien.
En la medida que se actúe proactivamente en cada una de las áreas, el círculo de influencia se va ampliando. Cuando una persona está habituada a sentirse dueña de sí misma, a conducirse de acuerdo con sus principios y sus directrices, sin depender de la influencia ambiental, ahuyentando las preocupaciones que quedan fuera de su dominio, mayores empiezan a ser sus capacidades de influir en otras personas.
Porque una persona es proactiva, no sólo por tomar la iniciativa, sino por creer en su potencial de mejora y cultivarlo día a día.

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